miércoles, 24 de noviembre de 2010

Detalles

Siempre he tenido interés por los detalles. He llegado a considerar que aquello tan abstracto a lo que llamamos vulgarmente "recuerdos" está compuesto de pequeñas cosas, pequeños instantes que quedan para siempre tatuados en el corazón. Y existen dos tipos de recuerdos, los malos y los buenos. Éstos últimos son los detalles.

Contemplar las estrellas, tomarse una taza de chocolate caliente en invierno, la sonrisa de un amigo, coincidir tarareando la misma canción con otra persona que tienes al lado y que no conoces de nada, el abrazo en el momento justo, una carcajada, una poesía que te hace llorar, la mirada fugaz de un amor que nace, pasear en bicicleta, las luces de los focos cuando subes al escenario, bañarte en el mar, el contacto con unas manos más cálidas que las tuyas, tu canción favorita que suena de repente en la radio, la película de tu infancia que aparece por casualidad haciendo zaping, ponerte tu sudadera preferida y darte cuenta de lo mucho que huele a tí... Muy pocas personas tienen la capacidad de percibir la dulzura, la belleza y la espontaneidad de esos momentos, que suceden en décimas de segundo y que, sin embargo, duran para toda la eternidad. Esto es porque estamos muy acostumbrados a ellos.

Los detalles enriquecen nuestra vida con pequeñas dosis de felicidad. Y es que la felicidad no viene de golpe, como algunos creen. Y cuando viene de esta manera, cuidado, es malo. Porque la felicidad es tan fugaz como un azucarillo, y el ser humano, inconformista como nada. No existe la felicidad completa. Solo pequeños regalos que nos da nuestra existencia y que nos forman la memoria, los recuerdos, para volver a ellos en los momentos duros y tristes. Y si la primera vez que escuchas una canción está pasando algo a tu alrededor, siempre que la escuches te va a recordar a aquello. Continuamente, para bien o para mal. Porque las primeras veces siempre suelen ser las que más se recuerdan, puesto que la primera película que te emociona, el primer beso, el primer abrazo, la primera actuación, la primera sudadera o el primer amigo, crean un precedente que nunca se puede borrar. Y continuamente vas a vivir intentando superar aquel primer instante... pero nunca, nunca lo conseguirás, lo que te provocará vivir en un estado de insatisfacción continua o bien en simple resignación. Por este motivo, es ahora, en este momento de nuestras vidas, repleto de primeras veces y de primeros detalles, en el que hay que vivir esas pequeñas experiencias que, más tarde, recordaremos para siempre. Esa es la única buena herencia que podemos dejar en el mundo. Más allá de las posesiones materiales, los recuerdos que transmitamos, las anécdotas y las experiencias, ayudarán a posteriores generaciones a percibir mejor estos detalles.

Porque... ¿qué pasará cuando los detalles desaparezcan? ¿cuando todo se convierta en una rutina constante y nuestra vida parezca una continua repetición de algo que hemos vivido antes, pero que ahora lo sentimos con menor intensidad? Miedo, frustración, desesperación... o simple aburrimiento.




Y una vez más, volví a mirar aquel manto de estrellas, apoyando mi cabeza sobre su hombro, canturreando aquella vieja melodía, sonriendo, capturando aquel momento y archivándolo en mi memoria con el título "El mejor detalle de mi vida"

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