jueves, 3 de junio de 2010

Te acompaño

Qué difícil es ser madre...

Cuando es un bebé, tienes que estar siempre pendiente de él. Cómo come, cuándo respira, dónde hace sus necesidades, qué le duele, por qué llora... Le compras todo, le permites todos los caprichos y tienes que emplear una tarde entera y buscarte las mañas para que no te escupa la papilla en la cara... que si el avión, que si esta por la abuelita, que si el nuevo Action Man... etc. Ves cómo da sus primeros pasos, cómo te agarra con sus pequeñas manitas para no caerse, cuáles son sus primeras palabras... Y deseas protegerle, siempre, por encima de todo.



Pasa el tiempo. Mucho más rápido de lo que tu querrías, sin duda. Al crecer, ya no te pide biberones ni juguetes. Te pide consejos. Y tú intentas darle lo mejor que tienes, le dices las mejores palabras, labradas en tantos años de experiencia, pero también sientes impotencia. Ahora no estás pendiente de que no se haga "pipí" encima. Es mucho peor. Estas atenta de sus notas, de sus problemas cada vez más adultos, de sus compañías... Es un ser humano, TÚ ser humano, arrojado al mundo sin compasión, y que cada vez es más independiente. En su personalidad, es como un retroceso a la más tierna infancia: habla poco y llora mucho. Pero ahora no lo hace sobre tu hombro, de manera escandalosa. Ahora llora solo, o se refugia en otros brazos que no son los tuyos. Él dice que todo va bien. Cree que puede engañarte, pero tú te das cuenta de cada detalle, de cada lágrima y de cada golpe que pasa por su corazón. Siempre será así. Ya no te pide consejos, no porque no los necesite, sino más bien, porque no sabe en qué va a poder ayudarle esa mujer ignorante que tanto le "come el tarro".  

Ahora, por fin, se ha echo mayor. Cada día que pasa tiene que enfrentarse a todo aquello de lo que tú siempre le has querido proteger: la envidia, el dolor, las depresiones, las traiciones, el desamor... Tú le abrazas lo más fuerte que puedes e intentas con todas tus fuerzas volver a meterle en tu vientre, protegido, cálido, seguro, como había estado hasta hace muy poquito. Pero ya no puedes hacer nada. Se faja de tí como si fueras una muñequita de porcelana. Ahora es mucho más fuerte que tú. Es inevitable que vuele, que salga, que sufra... y que se enamore.

Y a lo mejor ella no es lo que tú soñabas para él. En lo más profundo de tu corazón de madre, sientes que no es buena, que traerá problemas, que le hará sufrir, que es un niño todavía y que no sabe lo que quiere... Pero, a pesar de todo, de un primer momento de rechazo, de angustia y de desconfianza, pasa el tiempo y piensas que es posible que estés equivocada, que a lo mejor no le irá tan mal. Rezas porque así sea. Y si desgraciadamente las cosas no salen bien, que sea porque él ha tomado su propia decisión, su propio camino. Ahora es el momento de dejarle volar. Te lo lleva pidiendo a gritos mucho tiempo. Sabes que si toma una decisión desacertada influido por tí y se equivoca, jamás te lo perdonaría. Y tú tampoco te lo perdonarías.

Así que apártate, mantente al márgen y ayúdale. Tal vez solo necesite, como él dice, un voto de confianza.

2 comentarios:

  1. Estúpida! Maldita! Idiota! Estoy llorando :')
    Muchas Gracias por todo. Muchas, Muchas Gracias.

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  2. Demasiado mimadito lo tenemos!Ais nuestro chico!
    Cuenta con nosotras para lo que haga falta, a que si Tamara?
    y Tamara, cada vez que leo algo tuyo.. =) se me ponen los pelos de punta.

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